Zacapense Éder Cantero Campeón Mundial de TKD
De las calles de Zacapu al cielo de Corea: la hazaña dorada de Éder Cantero
Redacción: Juanita Ruiz SM +Noticias
Quienes lo vieron crecer en las aulas del CONALE , entre libros de Electromecánica Industrial y horas de entrenamiento local, sabían que Éder Jezrael Cantero Moreno tenía un ritmo distinto en las piernas. Lo que pocos imaginaban es que ese mismo impulso lo llevaría un día a suspenderse en el aire al otro lado del planeta, para luego descender como campeón del mundo sobre el tatami de Chuncheon, Corea del Sur.
El Poomsae Freestyle no es solo una prueba de fuerza; es arte marcial convertido en danza, acrobacia ejecutada al compás de la música y precisión absoluta donde un segundo de descoordinación lo cambia todo. Éder conoce bien el peso de este proceso: en el Campeonato Mundial de 2022 en Corea del Sur, durante su primera experiencia como seleccionado nacional en plena pandemia de COVID-19, se ubicó en el sexto lugar individual en la categoría juvenil (-17 años). En la edición Mundial de 2024 rozó la gloria al colgarse la medalla de plata, marcando una progresión constante que hoy finalmente alcanzó su punto más alto.
En el Campeonato Mundial de Poomsae Chuncheon 2026, el equipo mexicano de la categoría Freestyle +17 saltó a la pista con la determinación de hacer historia. Junto a Cecilia Lee, Hugo Cervera, Josué Galindo, Dayra Comparan y Luis de la Mora, el zacapense transformó el esfuerzo de años en una rutina perfecta, eléctrica y llena de identidad que les valió la medalla de oro.
Cuando sonaron las notas finales de su presentación y los jueces confirmaron el primer lugar, el eco de los aplausos retumbó hasta la cuna del imperio purépecha. El joven que un día comenzó a patear escudos en Michoacán con el sueño de vestir los colores de su país, terminaba de subir a lo más alto del podio en la mismísima tierra donde nació el taekwondo.
Hoy el nombre de Éder Cantero se escribe con letras doradas en el deporte nacional. Su trayectoria de aquel sexto puesto inicial y el subcampeonato posterior hasta este título mundial— no solo consagra a una generación dorada del Poomsae mexicano en la élite mundial; es también el recordatorio de que desde los rincones de Zacapu, con disciplina, sacrificio y vuelo propio, se puede tocar la cima del mundo.