Recordatorio: 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

COLUMNAS

Por Dra. Lucero Ibarra Rojas

 

El día de la mujer es un día de agradecimiento a todas las mujeres a quienes les debemos los derechos que hoy, muchas veces, damos por sentados, es un día para renovar una lucha que no ha terminado. El día de la mujer no es una celebración, debería ser un recordatorio.

Por supuesto tener días internacionales de cualquier cosa es un tema ambiguo y frecuentemente irritante, pero no porque “todos los días deberían ser días de la mujer” o porque “¿dónde queda el día del hombre?”. Un día internacional de la mujer existe porque la historia de la humanidad está marcada por la dolorosa lucha de las mujeres, por sus derechos y en contra de las violencias machistas.

Existe un día de la mujer porque ser mujer se ha pagado con la vida, y, aunque parezcan migajas frente a una larga historia de violencia machista en un reconocimiento tramposo que en sí significa de poco a nada, nos lo vamos a apropiar para recordarnos como sociedad que no tenemos justicia, no tenemos igualdad y que no nos vamos a conformar hasta que las tengamos.

Es por esta conciencia de nuestra historia y de nuestra realidad por la que considero que ser feminista es una deuda y una responsabilidad histórica, y esta es mi respuesta a todas esas personas que encuentran que el feminismo sobra en el mundo.

Recordemos que este día es en principio un Día de la Mujer Trabajadora porque la posibilidad para las mujeres de desarrollar un trabajo fuera del hogar es un logro de la lucha feminista.

Hay muchos aspectos que condicionan el empleo: clase social, raza, algunos méritos propios. Sí, pero las mujeres tenemos una deuda también con quienes lucharon para que las mujeres no se pensaran solamente en el espacio doméstico; para crear la noción de que las mujeres de hecho tenemos capacidades y que no somos naturalmente seres inferiores; y, muy fundamentalmente, para crear la posibilidad de que las mujeres pudiéramos generarnos condiciones de independencia económica, misma que es absolutamente necesaria para el control de nuestras vidas.

Sin embargo, las oportunidades de tener un trabajo siguen sin ser para todas, ni tenemos todas las posibilidades.

Una gran cantidad de mujeres padecen la violencia de la dependencia económica; los techos de cristal persisten en la medida en que las mujeres seguimos encontrando barreras para avanzar en nuestras carreras profesionales; la poca valoración del trabajo de las mujeres hace que no haya paridad salarial; y las actividades relacionadas con el hogar y el cuidado siguen sin ser valoradas en los muchos aportes que dan a la sociedad, haciendo que las mujeres que se quedan en casa frecuentemente carguen con el estigma de ser un peso para su pareja y para la sociedad porque “no hacen nada”.

Pero la deuda es más profunda, porque el que mujeres como yo puedan tener estudios también se debe a muchos factores que incluyen definitivamente la lucha feminista.

Las mujeres no tenemos una larga historia de instrucción escolar y durante la mayor parte de la historia de la humanidad se ha considerado a la mujer como intelectualmente deficiente. Muchas mujeres han tenido que esconderse tras máscaras de hombre para acceder al conocimiento, para generar arte y ciencia, para probar cada una de nuestras capacidades.

Yo no tuve que esconderme, pero en las estadísticas de deserción escolar y de analfabetismo sigue habiendo más mujeres. En muchos sectores de la sociedad la educación de las mujeres se sigue viendo como una “mala inversión” frente a una vida doméstica que se plantea casi como un destino para las niñas y jóvenes, y es que, si el intelecto no siempre se considera atractivo, ser feminista definitivamente es mucho peor recibido. ¡Ser feminista hoy en día es equiparable para algunas personas con prácticas de genocidio!

Al escribir esto participo en una manifestación política que también es posible gracias a la lucha feminista. Hace menos de cien años que las mujeres podemos votar en México, pero el sufragio es solo uno de los aspectos más visibles y tangibles de una lucha contra la creencia de que se las mujeres no debemos ni podemos participar en la política.

Los argumentos que obstaculizaron el voto siguen sumamente vigentes cuando se habla de la participación política de las mujeres, hay quienes siguen asegurando que la mujer puede participar de la vida política a través de hombres, como cuando se decía el voto de los esposos representaba el sentir (o la “manipulación”) de sus esposas.

Frecuentemente se señala a nuestro ciclo menstrual como responsable de una “locura” que aparentemente nos despoja de raciocinio; Nuestras voces siguen siendo descartadas con apelativos de “irritantes”, “emocionales”, “incoherentes”, “histéricas”; La ciudadanía y el uso de la voz son cosas por las que muchos sectores de la sociedad han tenido que luchar y que se mantienen también luchando.

De la infinidad de deudas que nuestra generación tiene con la lucha feminista, quizá la más apremiante sigue siendo la de insistir en el valor de nuestras vidas, en que la violencia no es un orden natural de las cosas; Las mujeres aún no caminamos tranquilas por las calles, no viajamos en paz; Las mujeres hacemos un cálculo de seguridad cuando elegimos la ropa para usar cada día, nuestro medio de transporte, la acera por la cual caminar, a quién sonreír.

En un país con un grave problema de violencia, la queja por el acoso callejero diario no es una exquisitez de exceso de sensibilidad y las historias de feminicidio muestran lo difícil que es confiar y vivir cuando el perpetrador puede, tan frecuentemente, ser tu familiar, tu pareja, tu amigo.

Muchas de las mujeres que mueren en este país confiaron en algún momento en la persona que después les hizo daño y, frente a eso, encontrar descalificaciones en la sociedad solamente justifica más el miedo y el enojo con las condiciones en las que estamos intentando vivir.

Alguien luchó por lo que tenemos y, para que sus sacrificios no sean en vano, tenemos que seguir luchando por mantenerlo y contra las injusticias que persisten. Es por eso que decimos #NiUnaMenos
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*Lucero Ibarra Rojas es Profesora-Investigadora Titular del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Licenciada en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Maestra en Sociología Jurídica por el Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati (IISJ) y doctora en en Derecho y Sociedad por el Programa de Doctorado Internacional en Derecho y Sociedad “Renato Treves”, organizado por la Universidad de Milán.

Es integrante fundadora de Emancipaciones. Colectivo de Estudios Críticos del Derecho y las Humanidades, Aquelarre Contradecencia Asociación de Estudios de Género y Transformación Social y la Red de Sociología Jurídica en América Latina y el Caribe.