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Francia rinde primeros homenajes a las víctimas del atentado contra Charlie Hebdo

Internacional

Se espera que desde hoy, hasta el 11 de enero, los homenajes tengan alcances multitudinarios.


Redacción

Paris, Francia.- Un ramo de flores y un minuto de silencio fue la primera conmemoración a las 11 víctimas que el 7 de enero 2015 perecieron ante un atentado terrorista en las oficinas del semanario Charlie Hedbo, dicho acto contó la presencia del ministro del Interior, Bruno Leroux, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y varias decenas de supervivientes y familiares de víctimas. Aunque fue breve y sencilla, si significado es mucho, y se espera que entre hoy y hasta el 11 de enero, se reviva la indignación por los ataques que hicieron a Francia caer en un horror del que aún no ha salido, es especial, luego de los atentados del 13 de noviembre del 2015.

La matanza en la revista satírica 'Charlie Hebdo', seguida por otra matanza en un supermercado judío y por el asesinato de dos policías, constituyó mucho más que un saldo de cadáveres: 20, entre las 17 víctimas y los tres terroristas. Aquello fue, según el profesor Gilles Kepel, máxima autoridad académica en la materia, "el 11 de septiembre francés": el momento en que todo cambió.

La cantidad de atentados desde entonces, unicamente ha crecido en número de víctimas y frecuencia.

La conmoción de hace dos años reviste rasgos especiales, difícilmente se repetirá una manifestación de dolor y repulsa como la que congregó en París, el 11 de enero del 2015, a más de un millón de personas, encabezadas por numerosos jefes de Estado y de Gobierno.

El lema 'Je suis Charlie', muy criticado después, dio la vuelta al mundo. La bandera tricolor fue, durante unos días, la bandera de la humanidad.

¿Qué tuvieron de especial aquellos atentados?

Muchas cosas, para empezar, el contexto. El mismo día de la matanza salió a la venta 'Sumisión', una novela de Michel Houellebecq, el escritor más importante en lengua francesa, en la que se relataba la conversión de Francia al islam, el debate sobre la cuestión musulmana y el yihadismo centraba la atención del país.

También pesó, evidentemente, el símbolo: el semanario 'Charlie Hebdo' encarnaba la absoluta irreverencia frente a los tabúes y hacía de la libertad de crítica, llevada al extremo, su seña de identidad.

Y luego estaba la identidad de los asesinos: tres jóvenes franceses procedentes de familias rotas, los hermanos Saïd y Chérif Kouachi y su jefe, Amedy Coulibaly, tres habituales de la pequeña delincuencia que se habían refugiado en la fe musulmana para dirigir sus vidas y en pocos meses alcanzaron un fanatismo absoluto. 

Y, por supuesto, influyó el impacto de las imágenes del asesinato a sangre fría, de un policía herido y caído en el suelo, se llamaba Ahmed Merabet y era musulmán, un traidor para los hermanos Kouachi.

Coulibaly y los Kouachy habían sido alumnos de Farid Benyettou, un joven predicador radical de 23 años que durante años había frecuentado la gran mezquita parisina de Stalingrado. Benyettou, tras pasar varios años en la cárcel, había conseguido un empleo como enfermero en el hospital de la Salpétrière, fue él quien acogió a las primeras víctimas.

Otra ironía: Amedy Coulibaly había sido recibido, en julio de 2009, por el presidente Nicolas Sarkozy como ejemplo de yihadista reintegrado en la sociedad: en ese momento ya planeaba llevar la muerte a Francia.

Información El Mundo